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La detención de una iraní por bailar desata una protesta de baile viral

El arresto de la instagrammer ocurre en un difícil trance político y social

Maedé Hoybarí

El efecto Streisand nunca dejará de sorprendernos. Nunca dejará de sorprendernos que se siga fomentando inconscientemente. Ha ocurrido en Irán. La detención de una joven bailarina llamada Maedé Hoybarí, a la que forzaron luego a confesar por la televisión nacional su "crimen" por haberse grabado bailando en su cuenta de Instagram, ha desembocado en la distribución, en las redes sociales, de docenas de vídeos de apoyo de compatriotas y extranjeros imitándola.

Poco se sabe de la víctima aparte de su gusto por el baile y el parkour, con cada vez más adeptas en Irán. Hoybarí se hizo un nombre bailando temas pop dentro de lo que parecía ser su dormitorio. En la República Islámica existe una ley no escrita según la cual no se persiguen ciertas actividades, allí ilícitas, fuera del espacio público, como no respetar el recato preceptivo - o sea, bailar o no llevar el velo - e incitar a no hacerlo. Pero su exposición ante sus 600.000 seguidores de Instagram, parece haberla condenado.

Este fin de semana, la bailarina apareció en la cadena estatal junto, junto a otros instagrammers detenidos en los últimos días, confesando su "crimen". "No lo hacía para atraer la atención", dijo ella, visiblemente compungida, "tenía algunos seguidores, y esos vídeos eran para ellos. No lo hice con intención de alentar a que otras más lo hiciesen", aseguró, en un tipo de comparecencia televisiva que se ha vuelto habitual en casos similares, y que críticos tildan de "confesiones forzosas".

La reacción de sus seguidores no tardó en llegar. Horas después de la confesión catódica, decenas de iraníes y no iraníes volcaron en las redes sus propios vídeos bailando, en un estilo similar al popularizado por Maedé Hoybarí. Algunos de sus compatriotas ocultaban su rostro en las imágenes para no correr la misma suerte que ella. Hubo quien desafió la normativa clerical, que prohíbe la danza, la música no religiosa y todo lo que conlleve "influencia occidental", con ropa corta y bebidas en mano.

"Dejad que sean libres. Dejad que la gente viva a gusto", rogó un usuario iraní de Twitter, a la vez que se mostraba dando unos pasos de baile en su taller. "Mi madre me decía: 'Estáis robando la adolescencia y la juventud, por la libertad y por la alegría, yo bailo", tuita una mujer. Y baila, desde Turquía, una popular danza en persa. "Bailo para que se entienda que convertir a los adolescentes en meros casamenteros no puede traernos alegría y esperanza", declaró una tercera joven, también bailando.



Se estima que el 30 por ciento de iraníes usa Instagram, una red social que no está censurada en Irán, a diferencia de Twitter o Facebook. Muchos la usan para promover sus negocios. Otros, para convertirse en influencers. Una herramienta de doble filo cuando la unidad de ciber policía, bajo la batuta de la rigorista judicatura, navega por Internet en busca de potenciales vulneraciones de la ley iraní, basada en la sharía o ley religiosa. Paradójicamente, el hecho de que Instagram sea tan popular facilita su labor.

En los últimos años, al menos ocho personas han sido detenidas y llevadas a declarar por sus posados en la red social de fotografías. El año pasado, 64 jóvenes fueron detenidos después de que imágenes de su fiesta en la piscina aparecieran en Instagram. En 2014, en una reacción que recuerda a la sufrida por Hoybarí, un grupo de iraníes fue detenido, y castigado con prisión suspendida y latigazos, tras grabarse bailando el tema Happy, de Pharrel Williams, en distintos lugares de Teherán.

El arresto de la instagrammer ocurre en un difícil trance político y social. Irán está sufriendo los primeros estragos de la decisión de EEUU de retirarse del acuerdo nuclear y de reintroducir duras sanciones, que afectan directamente a la población. Los problemas financieros fruto de su decisión, sumados a varios escándalos de corrupción surgidos recientemente y a las consecuencias de la crisis ambiental que sufre el país, están generando malestar entre los iraníes y reforzando al ala reaccionaria del poder.


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Con información de: Elmundo.es
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