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El niño que era cuatro años mayor que su hermano gemelo

► Los actuales métodos científicos para determinar la edad, utilizados para acoger o desatender a adolescentes inmigrantes, fallan estrepitosamente. Una nueva técnica basada en el ADN logra un margen de error récord

El niño que era cuatro años mayor que su hermano gemelo

La adolescente camerunesa Memba aterrizó en el aeropuerto de Madrid-Barajas a finales de agosto de 2017 con un pasaporte falso. Había huido de su casa un año antes para escapar de un matrimonio forzoso con un hombre mayor, según relató al desembarcar. Tenía, dijo, 16 años. Y de su fecha de nacimiento dependía su futuro. Según las leyes de inmigración europeas, los niños se quedan y tienen derecho a una protección integral. A los adultos se les abre un expediente de devolución a su país de origen.


El destino de Memba (nombre ficticio) estaba en manos de la Fiscalía, la autoridad responsable de decretar la edad de los jóvenes inmigrantes indocumentados tras el análisis de un informe forense. A Memba le hicieron tres de las pruebas más habituales. La primera, una radiografía de la muñeca izquierda, arrojó un resultado de 17 años. La segunda, una exploración del cuerpo desnudo de la chica para juzgar su desarrollo sexual, concluyó que era mayor de edad. La tercera, el reconocimiento de su mandíbula, no fue concluyente. El informe forense, al que tuvo acceso este periódico y que fue avalado por la Fiscalía, determinó una edad de maduración ósea de 18 años. Legalmente, Memba dejó de ser una niña amenazada a la que había que proteger de un futuro esclavo en Camerún.

“La inseguridad que dan las pruebas médicas es muy alta. El margen de error es demasiado grande: dos años por arriba y otros dos años por abajo”, lamenta Rafael Bañón, director del Instituto de Medicina Legal de Murcia. A pesar de esta incertidumbre, las fiscalías territoriales abrieron 5.600 expedientes de determinación de edad en España a lo largo de 2017, casi el doble que el año anterior. A casi un 40% de los interesados se los declaró adultos y, por lo tanto, sin protección.

El equipo de Bañón realizó exámenes a unas 500 personas en 2017, sobre todo a argelinos llegados en patera a las costas murcianas. “Se recomienda obtener documentos, pruebas testificales, informes del consulado: que sea una investigación completa, no una determinación médica”, defiende el experto, consciente de la falta de rigor de los métodos actuales. El pasado 8 de noviembre, el Defensor del Pueblo recalcó que “un informe radiológico no puede servir para realizar una fijación científica de la edad” y alertó de “fallos que puedan cambiar injustamente el destino de las personas”.

La solución para garantizar los derechos de los adolescentes como Memba podría estar en su ADN. A comienzos de este año, las autoridades locales de Hildesheim (Alemania) no se fiaron de un chico inmigrante que aseguraba ser menor de edad. Sin embargo, en vez de recurrir a las clásicas exploraciones de los huesos o de los dientes, la Justicia alemana optó por un análisis sanguíneo ofrecido por una empresa estadounidense, Zymo Research. El test, concebido por el genetista Steve Horvath en 2013, examina unos grupos químicos que se acumulan sobre el ADN de manera característica a lo largo de los años, como el óxido sobre un coche. En el proceso de Hildesheim, esta prueba —conocida como el reloj epigenético— dictaminó que el chico tenía entre 26 y 29 años.


El genetista mexicano Juan Edgar Castillo trabaja en el registro de gemelos del King's College de Londres, una base de datos de unos 12.000 hermanos, la mayor de Europa. Con una metodología similar a la del caso de Hildesheim, Castillo ha intentado determinar la edad de personas nacidas el mismo día y de la misma madre. “Existe una diferencia promedio de entre tres y cuatro años entre pares de gemelos, aunque las diferencias pueden ser superiores a 10 años en casos extremos”, advierte. La epigenética, el óxido del coche, es una interacción entre el genoma y el medio ambiente, así que depende de factores externos. En una frontera, dos hermanos gemelos de 15 años podrían ser tratados de manera contradictoria: uno sería un niño protegido y el otro sería un adulto expulsado.

“Tenemos bastantes dudas de que consigamos una técnica tan exacta que pueda determinar con márgenes tan pequeños la edad de una persona. Estamos hablando incluso de horas. La mayoría de edad es justo el día que cumples 18 años. ¿Qué técnica puede ser tan exacta como para determinar la edad con márgenes tan pequeños?”, se pregunta Victoria Lareu, directora del Instituto de Ciencias Forenses de la Universidad de Santiago de Compostela.

Un consorcio científico europeo, en el que participa el equipo de Lareu, intenta desde 2017 mejorar la precisión de este reloj epigenético. El objetivo final del proyecto, bautizado VISAGE, es lograr un retrato robot de una persona a partir de su ADN. Por ejemplo, para analizar el semen hallado en el lugar de un crimen y poder averiguar que el asesino tiene 25 años, pelo rubio, ojos azules, tez blanca y ancestros nórdicos. Pero un reloj epigenético más puntual también ayudaría a determinar la edad real de adolescentes inmigrantes, de deportistas de competiciones sub-18, de cadáveres sin identificar y de jóvenes criminales que quisieran acogerse a las ventajas de la Ley del Menor siendo ya adultos.

En cada célula humana hay unos dos metros de moléculas de ADN plegadas de manera extraordinaria. En estos dos metros hay unos 22.000 genes, con la información necesaria para precisar los rasgos de una persona. El equipo de Lareu ha analizado la sangre de dos centenares de niños y adolescentes de entre 2 y 18 años y ha descubierto que uno de estos genes, el KCNAB3, está muy correlacionado con la edad. Su nuevo reloj epigenético reduce el error medio de tres años a apenas uno.

Investigadores chinos del Hospital Xinhua de Shanghái han ido más allá. Han presentado un nuevo método que combina el reloj epigenético con la exploración radiográfica de huesos y dientes para determinar la edad de 124 niños. Su error medio es de 0,33 años en niñas y de 0,47 años en niños. “Los márgenes de error que presentan son muy bajos, pero aun así insuficientes para poder establecer la edad legal de un individuo”, sentencia la investigadora Ana Freire, de la Universidad de Santiago de Compostela.

El médico Pedro Mata, padre de la medicina forense en España, ya lo advirtió en 1846: “Dar una falsa sensación de absoluta seguridad en un asunto que el actual estado de la medicina no permite dar, no es facilitar el trabajo a la autoridad que demanda la actuación médico legal sino, muy al contrario, es hacer un flaco favor a la administración de justicia”.


EL DESAFÍO DE LA DESNUTRICIÓN

El año pasado, científicos de la Universidad de Bristol intentaron calcular la edad de más de 1.000 adolescentes británicos de 17 años mediante un reloj epigenético. Los resultados fueron prometedores, ofreciendo un promedio de 17,2 años. Sin embargo, las pruebas concluían que algunos de estos jóvenes tenían menos de 4 años y que otros iban a cumplir 32. “Creo que estos valores extremos se deben a errores técnicos, no a auténticas señales biológicas”, explica el epidemiólogo Matthew Suderman, del equipo de Bristol.

Suderman pone otros problemas sobre la mesa. Científicos de la Universidad de Colonia (Alemania) han mostrado que el reloj epigenético varía ligeramente entre personas de Oriente Medio, África occidental y Europa central. Los investigadores, con los que colabora la española Ana Freire, sugieren tener en cuenta este factor geográfico a la hora de determinar la edad.

“Un desafío potencialmente aún mayor es la posibilidad de que los niños refugiados puedan tener retrasos en el desarrollo debido a la desnutrición o a enfermedades. No conozco ningún estudio sobre cómo afectaría esto a las estimaciones de la edad a partir de la epigenética, pero nosotros creemos que a los niños con retraso en el desarrollo se les determinaría una edad menor de la que tienen”, apunta Suderman.

Con información de: Elpais.com


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